Daumier

Honoré Daumier es uno de los más brillantes dibujantes satíricos de todos los tiempos.

Referencia obligatoria de la historia de la caricatura, posee una obra litográfica fabulosa habiendo sido uno de los pioneros en el uso periodístico del dibujo de humor. Durante 40 años vivió del periodismo, pero, a pesar de ello, la historia del periodismo lo ignora, como si el trazo de sus crónicas no ayudase a comprender (¡y de qué forma!) la realidad de su tiempo. O mejor: como si la caricatura no fuera periodismo. La verdad es que no se conoce, en el mundo, ningún autor que hasta su época hubiera tenido una presencia tan grande, tan fuerte, tan rica plásticamente y tan incisiva en el periodismo de humor. Por lo demás, la caricatura no es (equivocamente, nótese) considerada un género periodístico, a pesar de todas las características que la singularizan en el campo de la análisis y de la interpretación periodística de la actualidad.

La genialidad de Daumier reside en la forma cómo supo sublimar la caricatura, elevándola a un lugar destacado en el ámbito de la comunicación artística. Cómo supo usar la litografía - técnica descubierta pocos años antes por Senefelder (1796) - para satirizar de for soberbia los hechos y los personajes más significativos de su tiempo. Introducido en Francia por Lasteyrie, el invento de Senefelder abre un nuevo dominio a la prensa periódica y va a funcionar como una prolongación del lápiz de Daumier, capaz de responder a una paleta exuberante de tonos grises y de claro-oscuro que singularizan su obra. La propia Agencia Havas utilizaba la litografía para difundir, por la prensa de masas, con “La Prese”, en 1836 - cuyo éxito se debe, en gran medida, a los folletines - fue coproprietario de “La Sillouette”, periódico en el que Daumier se inicia en la caricatura, en 1829, y que se titulaba “periódico de caricaturas, bellas artes, dibujos, costumbres, teatro”.

Es con Daumier con quien la sátira política adquiere gran popularidad. Según testimonia el poeta Baudelaire, Daumier divertía ya desde por la mañana a los Parisienses, dando rienda suelta a su necesidad de diversión pública. Los periódicos satíricos estaban de moda y el diário “Le Charivari” (después del hebdomadario “La Caricature” cerrado en 1835) se había convertido durante casi treinta años en el periódico de Daumier. Subráyese que, a pesar de ser americano uno de los primeros cartoons políticos editados en periódico (el “Snake device” - Esquema de la cobra - de B. Franklin, editado en The Pennsylvania Gazette, en 1754), fue en Francia donde la caricatura política conquistó la prensa, a partir de los años veinte del siglo XIX. Los procesos litográficos van a jugar aquí una gran importancia, por los recursos técnico-estéticos que van a posibilitar. Daumier fue eximio en su uso, convietiéndose en una referencia inevitable en cualquier libro acerca de la historia de la litografía. Daumier trazaba directamente sobre la piedra litográfica, sin dibujos preparatorios. Usaba su “memoria maravillosa y casi divina”, como la clasificaba el poeta Baudelaire, para abordar las unnumerables situaciones de la calle o de los espacios restringidos que su lápiz registra. Daumier producía de dos a tres piedras por semana y por ello no le sobraba tiempo para la pintura , cosa que mucho le apenaba. A pesar de ello, Charles Baudelaire decía que, en aquella época, no había en París más que dos personas que dibujaran tan bien como Delacroix. Uno de ellos era Daumier, el otro Ingres. Para él, Daumier era, sin embargo, “uno de los hombres más importantes del arte moderno”.

La genialidad de Daumier no dejaba de presentar también lazos de conexión con Rembrandt, Rubens y Goya, y se expande por el campo de la pintura, cuya obra es menos conocida. En 1999, una gran exposición realizada en París puso de manifesto la grandeza plástica de Daumier (con dibujos, pinturas y esculturas) y no faltó quien extrañase el hecho de que su pintura fuera tan desconocida, como se leía en “Le Monde”. Ninguno de aquellos autores tuvo, sin embargo, presencia en los periódicos, ni vivió de la actualidad, como Daumier. El famoso pintor español de “Los Caprichos” fue contemporáneo de Daumier, habiendo muerto cuando éste cumplia los 20 años (en 1828), pero no se sabe si se habrían conocido, a pesar de que Goya pasase por París en 1824, antes de exiliarse en Burdeos. De cualquier modo, se dice que, siendo aún joven ayudante de litógrafo, Daumier se olvidaba del tiempo, en las salas del Louvre, de Rembrandt y de Rubens. Balzac decía incluso que Daumier tenía a Miguel Ángel “debajo de la piel”. Más tarde Paul Valéry dirá también (en 1938) que su obra recuerda al pintor de la Capilla Sixtina y a Rembrandt, comparándolo a Balzac por la forma de abordar la comedia humana. Y las caricaturas de Daumier, inmortalizadas en las millares de reproducciones litográficas que esparció por la prensa francesa - más de 4.000 dibujos - constituyen un ejemplo extraordinario de las inmensas modulaciones de la comedia humana, tan profusamente retratadas en las 92 novelas de Balzac.

En Portugal, había en esa época ecos de su obra, como lo atestigua eruditamente José-Augusto França, en el ensayo que se publica en el presente libro. El proprio Eça de Queirós, en un texto periodístico que publica en 1867 - Sobre la Caricatura - menciona a Daumier, situándolo del lado de los que producen insomnio al poder. Vale la pena transcribir parte de ese texto, publicado en el “Distrito de Évora”, en Febrero de áquel año, justo en el inicio de la aventura periodística de Eça: “La caricatura es el medio más poderoso de desacreditar, en el espíritu del pueblo, a los malos gobiernos. Es el más tosco castigo que se puede infligir a su injusticia y a su bajeza. La caricatura hace algo más que tornarlos odiosos, los hace despreciables: así, véase como la temen y como la vigilan. No hay nada que los comediantes de la escena política teman tanto como los lápices de la caricatura... Philipon, Daumier, Traviés, Grandeville, Monnier, pueden decir que a veces sus admirables dibujos produjeron insomnio a los hombres de estado de Luis Felipe y les sirvieron de áspero remordimiento!”

Las más de 200 litografías presentadas en este libro muestran bien la genialidad de un Daumier pionero del realismo y también pionero del periodismo humorístico. Se trata de una colección magnífica y rara de un coleccionista - Juan Espino - que encontró en el caricaturista francés una de las figuras más sedutoras de su pasión por las artes. Sabiéndose que en la exposición de París (1999) de la obra de Daumier figuraban menos de un centenar de trabajos litográficos, este conjunto constituye, de hacho, una valiosa rareza. Fue su riqueza y expressividad las que motivaron el montaje de la exposición “Daunier: el genio de la caricatura” por el Museu Nacional da Imprensa, con la colaboración del Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo (badajoz), en Octubre de 2001, en Oporto.

La valiosa colección de Juan Espino presenta una amplia diversidad de expresiones del trazo genial de Daumier y muestra cómo la belleza del dibujo casa tan bien con la sátira, ora suave y tierna, ora cruel y mordaz, con que son descarnadas figuras y situaciones del siglo XIX. Fuera de la colección Juan Espino, se presenta una rara litografía de Daumier sobre la guerra civil portuguesa. Se trata de un dibujo mordaz acerca de la disputa de la corona entre D. Miguel y D. Pedro. Realizado en 1833, es, de este modo, uno de los primeros trabajos del autor, con la particularidad del color. Y es, por lo que se sabe (basándonos en la investigación del historiador José-Augusto França), una de las dos únicas caricaturas de Daumier que se refieren a acontecimientos portugueses.

A pesar de marcados por la actúalidad con que Daumier leía los acontecimientos de su época, sus dibujos tienen una fuerza y expressividad que van más allá de su tiempo. Transcurridos cerca de 150 años sobre buena parte de su trabajo, muchas de sus creaciones satíricas tienen plena vigencia hoy en día. Èl fue un gran cronista de las costumbres contemporáneas y muchas de sus sátiras podrían muy bien haber sido realizadas en la actualidad. Porque Daumier no es un retratista social, sino un cronista que registra y comenta, con humor, lo que se encuentra más allá de la piel y del barniz de los hechos. De estos, entresaca él aquello que marca la perpetuidad del arte.

Esta es también una de las marcas de su genialidad y pionerismo. Los reflejos de la obra de Daumier, tanto en Portugal como en España, han sido poco estudiados. No existe, por otra parte, ninguna obra sobre el tema. Incluso la propria obra de Daumier es casi ignorada, existiendo pocas referencias a su importancia, bien como caricaturista, bien como pintor. Este fue el motivo poe el cual se invitó a dos historiadores del arte, excelentes conocedores de la obra del autor francés - José-Augusto França y Javier Herrera-Navarro - para que escribieran acerca del impacto de Daumier en sus respectivos países. La acogida fue excelente y sus trabajos inéditos fueron ofrecidos a esta edición, hecho que queda aquí gratamente registrado. Se trata de dos ensayos que enriquecen sobremanera este libro y constituyen dos miradas penetrantes sobre la relación de Daumier con Portugal y España.
  

 


HONNORÉ DAUMIER
 

 

 

 

 

 

Luís Humberto Marcos
Director del Museo Nacional de la Prensa
In, “Honoré Daumier, génio da caricatura”, MNI, Nov. 2001
Traducción: Hélder J. Ferreira Monteiro